¿Por qué fui a ver Los Dueños?


Escribí este texto para la edición número 36 de la revista Trompetas Completas. Me preguntaron por qué había ido a ver "Los Dueños". Y así les respondí.

Fui a ver Los Dueños porque cada vez que alguien me mostraba el tráiler me quedaba cantando “Ojalá no te hubiera conocido nunca”, versionada por Los Avelinos, y quería saber en qué momento sonaría esa canción, qué estarían haciendo los personajes cuando irrumpiera en el film esa melodía que los tucumanos escuchamos hasta el cansancio en puestos de vendedores ambulantes, radios, autos y colectivos.
Me interesaba saber cómo era posible que todo aquello que muchas veces intentamos ocultar (eso que a los tucumanos nos duele, nos avergüenza o simplemente no nos interesa asumir como propio) podía servir para mostrarnos de manera sincera y cumplir con la trilladísima cita de Tolstoi que dice “Pinta tu aldea y pintarás el mundo”.
Me interesaba saber cómo resolverían Ezequiel Radusky y Agustín Toscano las tensiones y negociaciones propias de esos dos grupos sociales que compartían aquella casona, sin llevar a la pantalla una versión de “la lucha de clases para principiantes”, sin aburrirnos y sin caer en el relato costumbrista, picaresco, telúrico.
Fui a ver Los Dueños porque todas las personas con las que charlaba me decían que era “una genialidad”, aunque ninguno de ellos la había visto hasta ese momento (y muchos de ellos no la verían). 
Me interesaba saber qué tanto tenían en común Radusky, Toscano y los artistas con quienes a menudo hablábamos sobre la tucumanidad como eso que no podíamos definir, pero que atravesaba nuestra obra de manera evidente y tangible, y nos permitía crear y crear.
Fui a ver Los Dueños porque presentía que iba a encontrarme con valores y significados que los tucumanos vivimos y sentimos de manera particular, profunda, con incomodad, todos los días.
Me interesaba ver la película, pero también la reacción de todos aquellos espectadores que habían llegado al cine en sus cuatro por cuatro, luego de dejar algunas instrucciones y tareas a sus peones.
Fui a ver Los Dueños porque quería que me contaran una historia tucumana, porque necesitaba que alguien me regalara la ilusión de que alguna vez podíamos ser protagonistas de un film premiado a nivel internacional, sin necesidad de tener ojos azules, una cara linda, el acento porteño.
Necesitaba que me recordaran que todos tenemos una historia que merece ser contada con sinceridad, sin importar que el escenario fuese un bar de El Bajo, una finca o un country en Yerba Buena. Sin importar que la escena final concluyera con una canción de Los Avelinos, que al fin y al cabo todos conocemos muy bien, y bailamos y cantamos en cada festejo. 

El tráiler de Los Dueños: